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yo... :$

Hola, mi nombre es Paty, tengo 18 años, Soy de Lota, Concepción, Chile. Me gusta la fotografía, soy una amante de la buena ortografía y ahh... Quiero mucho a mi asdfghjklñ *-*. Tengo memoria de corto plazo, soy bajita, amo a Dios jiji Que tengas un buen día y no olvides disfrutar la vida cada segundo *-*
Estudio psicología :B

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Espero que no llegue ese momento. Pero llegará.

Llegará el día en que tendré que verte de la mano con otra, en el que tendré que ver cómo le sonríes de la manera tan cálida en que lo hacías conmigo, en el que seré testigo de cómo la abrazas con fuerza y ternura, tal y como tiempo atrás lo hiciste conmigo. Lo veré, y seré la persona más desdichada de la tierra, pero a la vez seré feliz. Feliz por ti.

Y mientras tú compartes momentos dulces con ella, yo tendré que sonreír y sufrir en silencio. Ver cómo poco a poco comienzas a olvidarte de ésta extraña que te causó tantas alegrías, tantas lágrimas y tantas sonrisas genuinas que no creías posible ser tan pleno, tan ligero. Pero era posible. Lo era para nosotros.

Olvidarás todo respecto a mí: los besos dulces que me dabas de vez en cuando, que me hacían sonrojar como un tomate; los abrazos inesperados, que me llenaban tanto el alma que a veces me daban ganas de llorar de lo relajada que me sentía entre tus brazos; las sonrisas compartidas, que millones de veces se nos escaparon aun estando lejos del otro; los apodos ridículos que nos decíamos sólo por el placer de hacerlo, por el placer de sentir que el otro nos pertenecía a ese punto tan íntimo; las miradas anhelantes, que yo te dirigía cuando quería que tomaras la iniciativa en algo, aunque fuera con un simple abrazo…

Y tantas cosas más que se perderán para darle paso a tu nueva felicidad, a tu futuro y a mi miseria. Llegará el día en que tendré que dejarte ir, y aprender a que las cosas no siempre duran tanto como quisiéramos. Porque, cuando te vea caminar de la mano con ella, me dolerá saber que no te avergonzará que te vean con ella… Y que conmigo no podías soportar siquiera que insinuaran la posibilidad de algo más que una amistad. Y dolerá el ver que ella logró todo lo que yo no.

Sin embargo, lo peor de todo será verme a mí misma sonriéndote cuando me cuentes cómo la conociste. Sonreiré cuando vea aparecer aquel brillo precioso en tus ojos cuando me hables de la primera vez que la viste, y de cómo pensaste que ella era un ángel que apareció en tu vida para ayudarte a cambiar de rumbo. “Fue cosa del destino”, dirás, y yo tendré que reírme de la frase cliché que siempre odiaste que dijera. Porque así de amargo eras tú: no creías en el destino, ni en el amor, y aun así me diste la oportunidad de probar tu lado dulce y de derretir tu lado frío. Y entonces, cuando acabe de reír, me preguntarás por mí y mi futuro.

“No quiero apresurarme”, te diré, pero será mentira. Porque si por mí fuera en ese preciso momento estaría buscando el vestido de novia perfecto, para que tú estuvieras orgulloso de tener una prometida hermosa. Pero mentiré, y te daré la ventaja de la duda. “Ésa es la chica que conozco”, dirás, y acariciarás mi mejilla como si de un pétalo de rosa se tratara. Tendré el impulso de decirte que esa no es la manera de tratar a una amiga, y mucho menos a algo más complicado que una ex. No obstante, no lo haré. Porque quiero tener el gusto de tu tacto una vez más, por efímero que sea.

Y entonces volverás a enfrascarte en una conversación de lo más explicativa sobre lo perfecta que es ella, sobre lo mucho que la admiras y lo mucho que esperas que acepte ser tu esposa. En ese instante mi sonrisa se borrará, pero luego aparecerá otra más deslumbrante, que intentará ocultar los pedazos de mi corazón que se asoman en mis ojos. Me pedirás consejos sobre cómo deberías proponérselo, y luego reirás ante tu torpeza de no haber comprado siquiera el anillo.

“No has cambiado nada”, diré, y tú soltarás una risita tan baja que parecerá un ronroneo. Me mirarás fijamente durante unos segundos, y seré yo la primera en apartar la vista. “Es perfecta”, me dirás con una sonrisa, “pero no lo suficiente para ser mi esposa”.

Yo sonreiré, ciertamente aliviada de que no pienses en casarte, pero también rota por no ser perfecta para ti. “Pero puede llegar a serlo”, diré y tú te reirás como si fuera una broma. Me dirás que no es posible, porque no podrías casarte jamás. Siempre has tenido ese complejo de mal padre y de mal esposo, pero yo siempre pensé lo contrario. Y cuando comiences a hablar sobre tu vida perfecta comentarás sobre una familia numerosa, y yo me reiré horrorizada ante la idea de ocho hijos. Te diré que prefiero dos, y quizá máximo tres, y tú aludirás mi comentario hacia mi corta estatura y la poca probabilidad que tendré siquiera de engendrar mellizos.

Te llamaré idiota, y tú me dirás que eres mi idiota. Y volveré a sonreír, satisfecha con la respuesta y completamente segura de que a ella no le dirás esas cosas. Segura de que a ella no le dices que quieres tener a muchos niños correteando por casa, y un Golden retriever cachorro para que los mantenga entretenidos. Estaré satisfecha, porque aún guardaré parte de tus secretos.

Y volveré a mi casa, solitaria pero sonriente, y esa sonrisa se borrará al recordar que cuando nos separamos irías a su casa. Haré una mueca, y me burlaré constantemente de lo ingenua y torpe que puedo ser. Porque aún tendrás la capacidad de manipular mi mente y de hacerme ver que lo nuestro puede ser, cuando ni siquiera me ves de esa manera. Tendrás la capacidad de hacerme sonreír con sólo escuchar mi nombre salir de tus labios, y te odiaré por ello.

Tú la tendrás a ella, y yo me aferraré fervientemente a la soledad que me invadía al pensar en un ustedes. Y lloraré, lloraré la noche entera soñando que es a mí a quien tomas de la mano, que es a mí a quien ahora besas, que es a mí a quien ahora le dices te amo. Porque ella tendrá eso que yo no tuve: tu corazón en bandeja de plata.

Me sentiré estúpida, y recordaré tu sonrisa nuevamente, lo que me hará sonreír de inmediato. Tienes una sonrisa preciosa, y casi nunca la muestras. Pero con ella la mostrarás a diario, con todo mundo, ya no será un secreto preciado como cuando fue mía. Y sabré que te perdí por enésima vez cuando mire su foto y me compare con ella.

Aún no la has encontrado, pero sucederá. Y cuando encuentres a tu ángel de ojos azules, éste demonio de ojos castaños quedará devastado en un rincón lamentando haberse enamorado de un hombre demasiado frío, demasiado ermitaño y quizá demasiado sinsabor. Lamentaré haberte conocido, pero disfrutaré tus recuerdos.

Y extrañaré tu aroma. Extrañaré tu sonrisa. Extraño tus abrazos. Extrañaré tu voz profunda. Extraño tu mal humor. Extrañaré tu calor. Te extraño.

Ni un minuto más, Natalie Moore. (via silencio-de-letras)
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